La bronquitis infecciosa es una enfermedad viral aguda, altamente contagiosa y de distribución mundial en areas con producción avícola. El agente etiológico de la enfermedad es un virus con envoltura que pertenece a la familia Coronaviridae, el cual es altamente específico del huésped, infectando principalmente a los pollos y gallinas. Debido a la tendencia del virus a cambiar su conformación antigénica, se ha reconocido la presencia de múltiples serotipos. La presencia de varios serotipos presenta una significancia práctica en el control de la enfermedad, debido a que la inmunidad posterior a una infección o a una vacunación con un serotipo específico no suministra con frecuencia protección contra otros serotipos diferentes. La enfermedad se caracteriza principalmente por la presencia de signos clínicos respiratorios tales como tos, estornudos y estertores. Sin embargo, algunas cepas del virus de bronquitis infecciosa pueden ocasionar lesiones en los riñones, ocasionando diarrea, deshidratación, depresión y mortalidad en aves afectadas.

La bronquitis infecciosa es considerada como la enfermedad aviar más contagiosa. Cuando se presenta, todas las aves susceptibles en la operación se infectan a pesar de las precauciones sanitarias o de cuarentena. El virus causante de la enfermedad se disemina por el aire y puede transmitirse a distancias considerables durante un brote activo. El virus puede ser igualmente transmitido a través de medios mecánicos tales como ropa, jaulas de transporte y equipos contaminados. El virus no se transmite de forma vertical a través del huevo y no sobrevive más de una semana en casetas sin aves. El virus es destruído con facilidad en presencia de temperaturas elevadas y desinfectantes comúnes.

La enfermedad se caracteriza por un período de incubación corto (24 a 72 horas), y una forma clínica con una duración aproximada de entre 10 a 14 días, la cual cursa con síntomas respiratorios severos asociados a la inflamación de la membrana mucosa de la tráquea y los bronquios. Los síntomas son dificultad respiratoria, jadeo, estornudos y estertores. Algunas aves pueden desarrollar una descarga nasal acuosa leve. En aves menores de tres semanas de edad, se puede llegar a observar una mortalidad de hasta un 30% a un 40%. En pollitas infectadas a edad muy temprana, el virus de bronquitis infecciosa puede llegar a ocasionar atrofia ovárica, con la ausencia de producción de huevos al alcanzar las aves su madurez sexual “falsas ponedoras”. En aves de más de cinco semanas de edad infectadas, no se observa una mortalidad significativa. Sin embargo, se observa una disminución en el consumo de alimento y del peso corporal.

Cáscara deforme
Cáscara delgada

En ponedoras comerciales o reproductoras, la enfermedad ocasiona bajas severas en la producción, afectando la calidad externa e interna de los huevos. Se observan huevos deformes, de cáscara delgada y una pérdida de color en huevos pigmentados. La mortalidad solamente afecta a las aves muy jóvenes y puede aumentarse en presencia de infecciones bacterianas secundarias por Mycoplasma gallisepticum y Escherichia coli.

El diagnóstico presuntivo de la bronquitis infecciosa se basa en la presencia de signos clínicos respiratorios y la conversión serológica en lotes afectados. Sin embargo, varias enfermedades, tales como la enfermedad de Newcastle, Micoplasmosis, y enfermedades ocasionadas por cepas de adenovirus aviar del grupo 1, presentan signos clínicos similares. Además, en algunos casos se pueden observar problemas respiratorios asociados a mas de un agente infeccioso. Por lo tanto, el diagnóstico definitivo de la bronquitis infecciosa requiere de pruebas de laboratorio dirigidas al aislamiento e identificación del virus.

La bronquitis infecciosa es muy contagiosa y no siempre respeta las barreras sanitarias. En la prevención de la enfermedad, las vacunas vivas que contienen cepas del serotipo “Massachusetts” se emplean en el mundo entero. Los métodos más efectivos para la aplicación de las vacunas vivas contra bronquitis infecciosa son el agua de bebida y la aspersión. Las vacunas vivas deben aplicarse en forma repetida durante el levante. El uso de vacunas vivas empleadas como refuerzo durante el ciclo de postura o de vacunas inactivadas antes del inicio de la postura previenen las pérdidas económicas asociadas a las bajas de postura durante la etapa de producción.